
El sol andaluz arroja fueguito lento de 10 a 19 pm. sin parar sobre la azotea que está sobre mi habitación convirtiendo la planta alta de la casa en un auténtico microndas encendido.
Aclaro, además, que el aire acondicionado se fritó hace unas noches producto de un misterioso efecto infrarrojo que volvió loco al control remoto del artefacto durante toda una noche hasta quemarlo con chispas.
Dormía, hasta que me desperté derretida, bajo ese calorcito que tanto anticipo Al Gore.
Mr Poppins atravesaba los ¾ de la cama grande que nos soporta y emitía el sonido nocturno de las fieras: el ronquido.
Desde que duermo con él he probado varios métodos para evitar esta situación.
El primero que usé fue hacerle con el paladar el inocente ruidito del ico-caballito “tacl-tacl-tacl”. Este método científico no dio el resultado esperado.
Siempre con la intención de no despertarlo, probé con el uso de una tos particular, Un “cooof” agudo entre ronquido y ronquido. Esto me provocaba mas molestia a mí por ese concierto caprichoso entre ronquido/ coof/ ronquido/ coooof/ ronquido in crescendo/ coooooof/ silencio/ sonrisa de esperanza/ ronquido de bestia enjaulada/ tos de tuberculosis/ ronquido disonante/ mi llanto/ … y asi y asi.
“Mirá, está bien, me rindo. Ganaste! Duermo mañana” pensaba algunas noches.
Sigo. La noche en cuestión, la de ayer, me derretía con percusión incluída. De repente Mr. Poppins gira y me cruza su pierna musculosa, gigantesca y neoyorquina sobre mi cuerpo. Carne sobre carne, brocheta multicultural, e infernal ronquido.
No lo quería despertar, “mejor que duerma”, pensaba en silencioso sufrimiento.
Intenté dormir así, entre GRUAHHHS y goteando.
“A ver, pensemos: invoco a Buda (no soy budista pero esa gente y los vegetarianos parecen los más tranquilos) nada!, :( , imagino los lirios del campo, :), GRUAHHHHH, :(, hice yoga hace tiempo “Ommmm-Ommmm”, :), Me repito “Yo si puedo relajarme” :), GRUAHHHH :(, control mental, respira profundo :), GRUAHHHH, :(, ah! cuento ovejitas 1, 2, la tercera se me ahorca en el alambrado y muere electrocutada producto del sudor y de las chispas de electrodoméstico :(((, GRUAHHHH :(, Ahhh, cuento electricistas e imagino el que vendrá mañana :))))))), yeah, right!:((.
Intentemos, me digo a mí, liberarnos de la pierna anglosajona. Me retuerzo estilo Cirque du Soleil en el momento exacto, que es entre dos de los ronquidos y así, en ese renglón del medio, las brochetas de carne se reacomodan para mi beneficio. Bien :). Dejo de gotear al menos.
GRUAHHH!!!
Con la misma sana intención de no despertar al caballero aprovecho la ocasión para la huída en el momento mas agudo del GRUAHHH #56.
Salgo del horno y agarró unos shortcitos y una musculosa.
Bajo, y me siento en la escalera de la entrada. Son las 3:20 de la mañana. Afuera se está un poco mejor, tampoco tanto.
En el sillón blanco de la entrada descubro a la gata dueña de aquel pelaje misterioso que limpio a diario. Claro, lo que sospechaba, era Luna, la gata de enfrente, a la que alimento latas de atún al aceite en algunas ocasiones y la muy atrevida se creyó lo del “Bed & Breakfast”. La miro, ni se inmuta, y vuelve a su sueño felino. Siempre inspirando tanta autoridad!
Escucho unas voces que vienen de la playa, probablemente de los últimos molestos turistas que nos invaden cada verano, y me atrevo a salir así en esa dirección. Descalza, entro al oscuro bosque. Podría haberme dado miedo la oscuridad y los árboles, pero no.
LLego a playa y ya huelo el mar y la sensación de pisar la arena fina, seca y fresca me provoca el alivio y la sonrisa.
Algunas luces de las antorchas ibicenses alumbran los últimos tragos tropicales de la temporada. No me ven, la luz ilumina hacia adentro.
Camino religiosamente hacia el mar. Nadaré, lo sé. Algunas veces lo hice a medianoche.
La negrura es total y las luces quedan ya pequenas y lejos. Me quito la ropa y desnuda camino sobre algas y arena. Siento el mar avanzando sobre mi cuerpo de abajo hacia arriba. Frío.
Siempre debo meter la cabeza entera bajo el agua. SPLASHHH!!!! mi cuerpo porteño por fin se refresca en silencio, dejo mis ideas en remojo, y mi pelo largo se alisa como un abanico de viuda mientras floto feliz. El mar duerme como la gata, espeso y calmo, y feliz como yo.
La oscuridad es total.
Salgo. Frío, no hay toalla y no veo nada. No encuentro la ropa!. Tiemblo. No encuentro la ropa!!! Ommmm, Ommmmm A ver! A ver qué!!! si no se ve nada. No hay por qué ponerse nerviosa.
Camino intentando recrear los posibles recorridos entre ropa y agua. Nada!!! No puedo volver así desnuda y si me ve un vecino, o la maestra de Espaniolica que vive cerca, o La Guardia Civil, siempre al servicio de la comunidad.
“Ommmmm Ommmmmm” sigo buscando y encontrando solo miedo, frío, y verguenza. LA ROPA DONDE COÑO ESTA????
Asi, 10 minutos.
Ya cuando pensaba en volver al agua para no salir jamás, encuentro el conjuntito. Me visto mojada y paso mis piernas areneras por el short sin guardar equilibrio alguno. Parezco una milanesa. Tiemblo de frío.
Desgraciada y fresca y vestida y adivinando salida, marcho hacia el bosque como Gretel y su hermano dejando rastros de chorreado Atlántico.
Llego a casa. Luna me mira casi con asco y se acurruca de nuevo.
Busco la llave que durante 363 días escondemos para entrar a la casa, y no está!!!!!!! Como NO ESTA!!! Ahora el Ommmmm se va a la m... y empiezo el recurso zen bonaerense de “la p.... que te p.... !!!” mientras levanto macetas de barro para encontrar solo hormigas.
Miro a Luna tiritando: “Corréte Luna”, y me acurruco como si fuera ella mi almohada y mi mejor amiga para dormir. Ahora soy yo quien la molesta y se va saltando la reja y el muro.
Llena de arena, mojada, temblando, con pelos de Luna en la boca me rindo ante el peor sonido de la noche, y derrotada toco el timbre.