
Pasé el domingo mirando a Africa, no exagero, desde la costa de Zahara de los Atunes se divisa uno de los principios de Africa.
Entre las cosas que me rodeaban conté 5 libros, entre las 3 toallas dispersas en forma de F, 1 sombrilla, 4 cremas, 2 manzanas, y ½ botella de agua.
Apuré mi cuerpo sobre una de las toallas, me arrinconé contra el acantilado y no dejé de mirar hacia Africa.
La marea brava como siempre me seguia apretando contra el gran muro de piedra. Los colores del preverano se veian, sin embargo, preciosos y como deben ser: marron la arena, azul el mar, celeste el cielo.
Miré hacia arriba y descifré 4 o 6 figuras escondidas entre los velos de una gran nube: una cara muy Michelangelo, un mascaron de proa de la casa de Isla Negra de Neruda, un brujo, un unicornio, y un querubin soplando una flauta.
De repente paso a los lejos un barquito, lo asocié con piratas, no se porque.
Por la misma sin razon decidi irme con esos piratas por 7 u 8 minutos. Asi, se me ocurrieron las cosas mas triviales sobre los asaltantes del mar: el parche en el ojo, el tesoro, el brazo con el gancho. Segui imaginando y hasta me atrevi con un "que venga el barquito hasta aca, que se trepe a la arena, y me lleve un rato con el pirata"
Llego el pirata, me dio la mano, se saco el parche, tenia ojos celestes, con el elastico de su parche me ato mi cabello para que este viento, que une el Atlantico con el Mediterraneo, no me impidiera ver la travesia.
Cuando ya me iba con el pirata, un barrilete atraveso el cielo y me devolvio a la certeza y a la mirada al continente de enfrente: Africa.
Llego a Africa entonces, me adentro en ella, cierro mis ojos, no necesito la cometa, me imagino la negrura y la pobreza. Alguien me distrae y miro mis toallas de marca.
Como siempre un aqui y un alla.
Cierro los ojos, mis emociones van girando lentamente mientras me meto en el suelo de Africa.
Imaginé una nina como la mia, tan cerca y tan lejos, pero no. Son totalmente distintas.
Sigo entrando en la tierra a la que folckloricamente le han puesto multicolores. Solo veo colores naturales, tierras, y negruras, negruras de pobre. Se cae algo liquido de mi ojo.
Mi mente sale de Africa y entra a gran velocidad en mi Corrientes, en Puerto Viejo, y en el rancho de la Titi. Ahora las imagenes son mas rapidas. La Titi sin dientes, mas joven que yo y 7 u 8 ninios velcreados por el cuerpo, me abre la puerta con su sonrisa desnuda. Veo mi coche, el hotel en el que me alojo, y mi teléfono, mientras la Titi me seba mates. Se me escapa otra lagrima. Titi rie y yo apreto bajo el banquito la mochila que llevaba con unos cepillos de dientes para ensenar a los ninos higiene bucal.
Miro a Africa.
La campera de cuero del invierno pasado, la bicicleta de mi hija, la TV plana. La Titi me acerca tortas fritas, me gustan y me las devoro sonriente. Veo una Visa, el barrilete de antes, y las gotas saladas que me amargan el sabor del mate con la Titi. Mi vida deliciosa, facil y caprichosa, la Titi sonrie mas generosa que yo y que toda mi puta vida junta. Lloro ahora, la Titi sonrie con su sonrisa desnuda y franca y ahora sé que solo ella es capaz de mirarme y entender y decir como hace 16 anios: “Che, que t’ nda pasando a vo?”
Miro a Africa, la negrura de su gente, el color de la pobreza y de su tierra marron.
Vuelvo con La Titi, resulta ahora que ella la mas necesitada del mundo, la mas africana de mi Corrientes, es la unica que puede mirarme y conocerme y brindarme lo que yo, mujer con todo, no puedo darle.
Lloro ahora apretada contra el acantilado y me arrincono de la marea alta.
Mirando alla y llorando aqui.
No pienso lastimosamente que habra sido de la Titi, pienso que ha sido de mi.
Lloro.
Hace varios anios ya que la Titi me pregunto ese “Che, que t’nda pasando a vo?” y todavia no he podido responderle/me.
No me importa, yo solo quiero que ella me abrace cargada de ninios como aquel dia, que me haga otra de sus preguntas virgenes, que me mire con su negrura y suciedad, y que me de su riqueza de pobre!!!
Miro una vez mas a Africa, pienso en la Titi, bajo la cabeza.