
No se imaginaba que iba a abrirle la puerta aquella mañana.
Subió las escaleras de la entrada mirándola, cerró la puerta sin girarse y comenzó a besarla lleno de humedad.
Avanzó con ella pegada a sí hasta la primera pared a mano, le subió los brazos, se los retuvo, y le pegó la carne para que notara lo que sus palabras hacían con él.
Afuera llovía.