
Ella está en el lugar correcto, entre continentes, entre pasados y futuros, entre cielo y tierra, entre estaciones, entre allá y allá.
Ella va de grises y observa latitudes desde la más alta ventana del mundo. Ella está bordada de delicadas estructuras que le ajustan alma y cuerpo desde el cinto que la apreta cual Simbad ante el peligro. La presión aérea le incomoda siempre.
Ella está donde debería quedarse eternamente, sino fuera por el alza del petróleo, orbitando como luna sin acercarse nunca a nada.
Ella es meteorito eskiando hacia la tierra. Ella es peligrosa agua y aceite. Ella respira profundamente como le sugirieron y como mujer antes de que le arranquen el hijo del vientre. Ella queda arrinconada contra la mirada de plástico a la que el destino ubicó por 13 horas. Ella atraviesa atardeceres, estaciones, filas, aires, geografias. Ella cruza recuerdos y pincha fantasías en su largo pelo.
Los rojos afuera están preciosos y sonríe temerosa. Sabe que pronto recibirá noticias de las que sólo se le declaran en persona, sabe que no podrá retorcer el hierro a su voluntad para dar salud y felicidad. Sabe que necesitará esconderse, aunque parezca que no. Sabe que no podrá distraerse, sabe que envolverá regalos imaginarios. Sabe que mucho se llevará. Sabe más de lo que parece.
Respira profundamente.
Recuerda a Nicola cuando dijo “Todo lo que existe es bello” y se le escapa el líquido de la emoción y del cansancio. Ella busca la luz, la noche, el sonido de un contrabajo, el timbre alegre, la cara sudamericana, la pila de hojas escritas que le esperan en Thames, el abrazo, la mirada, el plato dispuesto, sus mates eternos, la soledad, la ansiedad porteña, su candor, el sillón de 140 años, su etnia, la honestidad de arena, el apuro, la bufanda sonriente, la espera, mi llegada, la de ella.
Y ahi el espejo de plástico que le mira desde el óvalo más alto del mundo la invita a bajar cuerpo y mirada, y a ajustarse a la estructura por propia seguridad.
Faltan 45 minutos, respira profundamente.
Es de noche arriba y abajo del mundo.
Ella está donde debería quedarse eternamente, sino fuera por el alza del costo del petróleo, orbitando como luna sin acercarse nunca a nada ni a nadie.