
(foto mía a través de un vidrio, no esta fuera de foco promise! y me encanta)
Hace unas semanas pasé por Barcelona, que ahora queda a tres horas de casa y a 30 euros solo en peajes. Me gusta Barcelona, la conozco, no tan bien como a Madrid que adoro excepto en verano, pero la puedo caminar sin plano. Volviendo a mi visita a la ciudad condal como se le dice, esta vez entré en algunos edificios gaudianos, entre ellos: La Sagrada familia, el Parque Guell y la maravillosa y única Casa Batló. Puedo transmitir que, no sé si fue el efecto del audio guía con una música algo triste, o ese momento del mes, o qué pero se me resbalaron algunas lágrimas recorriendola. Gaudi, quien murió viviendo en la frugalidad y austeridad mas extrema a pesar de que era ya un arquitecto reconocido, diseñó la restauración de este edificio para la Familia Batló en el Paseo de Gracia.
El entrar al vestíbulo me transportó a un plano sencillo y lúdico; la barandilla de la escalera interna del edificio se asemeja a la espina dorsal de un gran animal que no vemos pero que está en alguna parte del edificio. Todavía no sabemos bien dónde ni de qué animal se trata, pero Gaudi nos provoca la imaginacion con este anticipo juguetón que involucra al visitante en su curiosidad de niño. Este tono de misterio no genera ansiedad sino lo contrario: inocencia, deseo. Sigo subiendo y recorriendo las estancias. Mi entrega a las sensaciones suele ser fluida; esta vez la experiencia valió ampliamente la pena. En todo el edificio no hay lineas rectas, los colores son sensibles y medios y las dimensiones amables. Dan ganas de tocar las maderas suaves, los azulejos del maravilloso patio interior en su gama de azules tan frescos, y hasta la intensidad de una luz graduada resulta palpable. La terraza nos revela algo del misterio inicial: un cuasi dragón amigable nos seguirá cuidando durante el sueño.
(mia too)
(no se de quien es, pero los copyrights me resultan un plomo)